Avances y retrocesos en la situación actual

Pensábamos que la intensa fuerza del estallido social había conducido a la caída del general Baquedano durante muchos años. Sin embargo, parece que esto no fue del todo cierto.

Se logró obtener la presidencia e instaurar un gobierno que se proponía reformar la Constitución y modernizar el Estado desde una perspectiva social, priorizando a los ciudadanos como los principales beneficiarios. Este enfoque incluía derechos para las mujeres, los pueblos indígenas, pensiones, salud pública, educación, protección ambiental y creación de empleo. Fue un significativo avance.

Sin embargo, dos intentos fallidos de modificar la Constitución, escándalos de corrupción por la asignación de fondos públicos a fundaciones cercanas al gobierno, una administración estatal descuidada, evidenciada en el escándalo de las licencias médicas, promesas incumplidas y la falta de respaldo parlamentario para implementar los cambios prometidos, se enmarcan en un contexto mediático dominado por la derecha extrema.

Estos factores son algunos de los que motivaron los dos pasos hacia atrás.

Gabriel Boric, con su enfoque inclusivo, asumió la presidencia en respuesta a la necesidad de cambios que la ciudadanía había demandado durante el estallido social. No obstante, Chile no nació con la llegada de Boric a La Moneda. Los dos pasos hacia atrás también reflejan el legado de la dictadura de derecha, los gobiernos previos, la estructura del Estado, el papel de los grupos económicos y la situación de los medios de comunicación, entre otros aspectos.

La búsqueda de cambios que representaban un gran avance fue impulsada por un sistema político y económico que favorece a una minoría, excluyendo a importantes sectores de la población de los beneficios de un “crecimiento” desigual.

Los primeros gobiernos de la Concertación enfrentaron el reto de consolidar el proceso democrático iniciado con el triunfo del NO en el plebiscito de 1988. Los gobiernos de Aylwin y Frei debieron lidiar con la influencia de Pinochet y la derecha pinochetista. El gobierno de Ricardo Lagos logró modificar la Constitución, eliminar a los senadores designados y abordar las demandas sociales urgentes. Por su parte, los gobiernos de Bachelet y Piñera experimentaron avances y retrocesos, debilitando los logros sociales y democráticos de la administración de Bachelet.

Con su coalición política diversa, el presidente Boric logró posicionar a Chile en el ámbito nacional e internacional, defendiendo principios sociales y políticos ante la derecha internacional, encabezada por figuras como Trump, Putin y Netanyahu, que buscan revertir los avances conseguidos en el siglo XX y recuperar el clima de los años 30 y 40, donde el nazismo y el fascismo asolaban al mundo.

El verdadero avance en esa época fue la derrota de esta derecha, lo que permitió el surgimiento de la ONU y sus agencias, como la OMS, OIT, UNESCO y FAO, además de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En resumen, representó un consenso global hacia un futuro sostenible, centrado en el ser humano y la vida en el planeta.

Esa fue, sin duda, una gran conquista.

Con la caída del Muro de Berlín, se desvaneció el principal adversario del modelo liberal y neoliberal. Sin embargo, los profundos problemas sociales de la humanidad permanecieron. Las revoluciones y contrarrevoluciones, desde la creación de la ONU hasta la caída del Muro, configuran un periodo histórico que se agrava con la política de “Trump First”.

Hoy existe desconcierto en muchos países, especialmente en Europa.

El ser humano, como parte del reino animal, comparte características esenciales en su ADN: conquistar y proteger territorios, y alimentarse de otras especies. La civilización moderna ha transformado la caza en un sistema de crianza para el consumo. La demanda ha superado a la oferta.

Desde el Paleolítico, donde el ser humano era solo uno más en la cadena alimentaria, transcurrieron 70 mil años hasta el Neolítico, cuando la agricultura comenzó a desarrollarse. La domesticación de animales como el caballo y el camello marcó una revolución, permitiendo la conquista de territorios y el dominio de sociedades. A esta herencia “animal” se suma una sociedad de consumo que lleva a un consumo excesivo, causando un impacto negativo en el medio ambiente.

En 1950, la población mundial era de 2.600 millones; hoy supera los 8.200 millones y se estima que alcanzará los 10.000 millones para 2050.

El problema radica en que la superficie del planeta no crece, y el aumento poblacional tiene efectos devastadores que amenazan la vida en la Tierra. Nuevas tecnologías, particularmente la inteligencia artificial, están disminuyendo la oferta laboral y aumentando la pobreza en los países en desarrollo, lo que impulsa flujos migratorios hacia naciones más desarrolladas en busca de supervivencia.

Las guerras se inscriben dentro de esta lógica impulsada por individuos y grupos sin un sentido de responsabilidad social o ambiental, guiados únicamente por la búsqueda de riqueza y poder a través de la conquista.

Generar una nueva conciencia y acción dentro de la población es un desafío educativo que trasciende el ámbito formal. Los medios de comunicación y las películas que glorifican el crimen y la guerra influyen negativamente, especialmente cuando las sociedades se someten al poder del dinero y olvidan los valores esenciales para coexistir en armonía con otros seres humanos y el medio ambiente.

Adherirse a la Agenda 2030 de la ONU y los 17 ODS podría ser una solución a los problemas actuales, priorizando la “vida y la paz” como base de nuestras acciones. En cualquier caso, debemos encontrar rápidamente este camino de superación, donde todos seamos protagonistas.

Con Información de www.elperiodista.cl

Previous Post
Next Post
Advertisement