Análisis: «La derecha conservadora y las restricciones del reformismo en Chile» – Factos.cl: Últimas Noticias de Chile

Por Hugo Catalán Flores. Columnista de FACTOS

Se dice que Chile se enfrenta a la posibilidad de un salto al abismo. Aunque suene drástico, la realidad es que el domingo 16 de noviembre marcará un capítulo único en la historia reciente del país: la derecha más conservadora está a un paso de ser elegida de forma democrática, en un contexto de inusual efervescencia reaccionaria.

Para encontrar comparaciones históricas con un programa de extrema derecha en Chile, hay que retroceder hasta la década de 1930, cuando surgió el “nacismo” (con “c”) de Jorge González von Marées, que logró cierto apoyo electoral al proponer un programa nacionalista que criticaba la crisis institucional y la descomposición de la oligarquía. Excluyendo el periodo de la dictadura civil-militar y considerando solo la victoria de Jorge Alessandri en 1952 y las dos administraciones de Piñera en este siglo, la posibilidad actual de que alguno de los tres candidatos de derecha avance a la segunda vuelta con un respaldo cercano al 50% del voto es inusual.

Sin embargo, más allá de estas consideraciones electorales e históricas —que parecen ser más bien performáticas—, y de las posibles consecuencias sociales que podría traer un gobierno de derecha para millones de chilenos, el proceso que vivimos se percibe desde el extranjero como menos dramático de lo que creemos. Recientemente, The Wall Street Journal publicó una columna analítica, replicada en El Mercurio el 12 de noviembre, sugiriendo que “lo más importante que Kast o Jara planean es lo que no hacen: alterar las instituciones gubernamentales de Chile, como el Banco Central o la Constitución”.

En esta idea reside, creo, la esencia del dilema que enfrenta el ámbito de la izquierda y el mundo popular. El horizonte para los próximos años está marcado por la imposibilidad de disputar estratégicamente un proyecto reformista: un cambio de modelo que conduzca a una democratización profunda a partir de una crítica radical al neoliberalismo. Lo que hoy se presenta como un opuesto dramático—un gobierno de derecha con apellido alemán, frente a la continuidad de administraciones que manejan el modelo, incluso si lideradas por una candidata del Partido Comunista—en la práctica significa que, por muy genuino que sea el esfuerzo por transformar, todo continuará más o menos igual.

Esta perspectiva debería ayudar a desdramatizar lo que ocurra de aquí a la segunda vuelta en diciembre. Esto no implica ignorar el avance del discurso reaccionario promovido por esos candidatos de apellido alemán, ya que, ante un contexto de presión internacional que genere desestabilización interna, esa derecha no dudaría en favorecer a los sectores que representa: las élites oligárquicas.

Tampoco es irrelevante la composición del Congreso. Un presidente de derecha, con mayoría parlamentaria, tendría la posibilidad de desmantelar, si así lo decide, los avances logrados en estos años de reformas sociales: derechos políticos y sociales de las mujeres, así como el reconocimiento de identidades históricamente marginadas. En este sentido, es aún más urgente frenar el avance de la derecha en el Congreso.

Todo lo que he expuesto no elimina la incomodidad que genera, en el discurso público, la necesidad de prepararnos para saludar o agradecer en alemán.

Con Información de factos.cl

Previous Post
Next Post
Advertisement