Como se esperaba, octubre trajo consigo el despliegue real de los candidatos de la derecha a pocas semanas de las elecciones presidenciales. Una muestra clara fue la reciente intervención del Presidente de Chile en la ONU, donde, en lugar de someterse a las presiones de Donald Trump, se atrevió a condenar el genocidio del pueblo palestino por parte del gobierno de Israel. Esta postura fue considerada «imprudente» por quienes temen represalias, ya sea en forma de aranceles, visas Waiver o beneficios relacionados al comercio con Estados Unidos.
El Presidente también aprovechó para proponer a la ex Presidenta Bachelet como candidata a la Secretaría General de Naciones Unidas. Esto generó que la derecha, lejos de celebrar su postulación como lo hizo la mayoría del país, cuestionara su apoyo hacia Bachelet si alguno de ellos llegara a la presidencia en marzo de 2026.
Según la encuesta Cadem, el 57% de la población considera que la elección de Bachelet sería un orgullo nacional, sin embargo, desde la derecha no hubo un respaldo inmediato a su candidatura. Evelyn Matthei declaró que no podía pronunciarse hasta evaluar las circunstancias en marzo, es decir, después de asumir un nuevo gobierno.
Por su parte, Kast expresó su desdén hacia Bachelet, refiriéndose a su gobierno como un «desastre» y evitando manifiesto apoyo a su candidatura, sugiriendo que la decisión se tomaría tras el 11 de marzo. Además, cuestionó el respaldo chileno a la ONU, minimizándolo como «una sugerencia», y criticó al Presidente Boric por «darse un gustito» con la nominación.
Las afirmaciones de Johannes Kaiser, quien intentó vincular la candidatura de Bachelet con la crisis migratoria del país, fueron profundamente desmedidas. Sugirió que su puesto como Alta Comisionada de Derechos Humanos se debió a un acuerdo que trajo haitianos a Chile.
Pese a los cuestionamientos, en el ámbito internacional, varios expertos y medios se han pronunciado de manera favorable respecto a la candidatura chilena. El País de España destacó que Bachelet es una figura que podría conectar «el norte y el sur» en un entorno geopolítico polarizado, reconociendo su trayectoria a pesar de la existencia de otros candidatos.
El actual Canciller Van Klaveren manifestó claramente que Bachelet es una «candidata sólida y competitiva», asegurando que el gobierno no impulsaría esta candidatura si no hubiera posibilidades reales de éxito.
Este respaldo fue similar al que recibió Andrés Allamand para la Secretaría General Iberoamericana, cuya reelección se vio amenazada, pero logró gracias a la intervención del Presidente Boric, quien persuadió a su contraparte española de mantener el apoyo.
Más inquina
La derecha ya se preparaba para criticar el Presupuesto 2026 cuando el Presidente lo presentó en una cadena nacional, destacando los principales programas de su administración, el crecimiento económico y la reducción de la deuda pública en los últimos ocho años.
Sin mencionarlo directamente, el Mandatario se refirió a Kast, afirmando que «es irresponsable» hablar de recortes por US$6,000 millones sin especificar cómo realizar esos ajustes.
Kast respondió rápidamente, calificado el discurso presidencial como un «acto de cobardía, corrupción y mentiras». Afirmó que Boric utilizó la cadena nacional para confrontar a un rival sin permitirle responder.
Cristián Valenzuela, asesor de Kast, calificó la intervención de Boric como «imprudente e irresponsable». Desde Chile Vamos, algunos parlamentarios mencionaron la intención de acudir a la Contraloría, argumentando que Boric infringió el principio de prescindencia política.
El futuro ministro de Hacienda de Kast, Jorge Quiroz, también discurrió sobre el ajuste fiscal, subrayando que el recorte es «absolutamente necesario» para enfrentar un déficit crónico y proteger beneficios sociales. Sostuvo que la gratuidad universitaria y otros gastos son insostenibles sin una reestructuración de ingresos.
Kast, además, criticó al Presidente Boric por su intervención, sugiriendo un rol de «vocero» en la candidatura de Jeannette Jara. Aunque no presentó acciones formales contra Boric ante la Contraloría, insinuó que la verdadera sanción sería la derrota en noviembre.
Afirmó que no se recortarán gastos sociales, aunque en su programa se menciona suspender la aplicación de las 40 horas. Finalmente, exigió al Gobierno «sincerar» la deuda pública, mientras pintaba un cuadro desolador de la realidad económica, sin mencionar la creciente actividad en sectores como el comercio y la construcción.
A pesar de ello, se informaron resultados positivos en el sector inmobiliario, con empresas reportando un aumento en las ventas y un ambiente de reactivación.
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