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Andrés Kogan Valderrama, Sociólogo, Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable, Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea.
En un contexto donde el debate en torno a la violencia de género se enfoca mayormente en las agresiones hacia las mujeres —y con razón, dado el peso histórico y estructural del patriarcado— es fundamental abrir un espacio para reflexionar sobre un fenómeno que a menudo permanece invisibilizado: la violencia que las mujeres pueden ejercer contra sus parejas masculinas.
Este análisis no busca equiparar ni minimizar la violencia machista, que es la principal manifestación de desigualdad en las relaciones de pareja, sino comprender cómo los mandatos tradicionales de masculinidad agravan este problema, perpetuando un ciclo de silencio y sufrimiento para los hombres víctimas de violencia psicológica, física y sexual.
Desde la perspectiva de los estudios de masculinidades, entendemos que el patriarcado no solo oprime a las mujeres, sino que también impone una forma de ser hombre: ser fuerte, audaz, invulnerable, proveedor, y, sobre todo, no mostrar jamás debilidad. Esta «masculinidad hegemónica» transforma a los hombres en víctimas silenciosas de formas de violencia que no se ajustan al estereotipo del «hombre víctima».
Por ello, las experiencias que viven muchos hombres —desde golpes y empujones hasta agresiones verbales, humillaciones, control emocional, aislamiento, coerción y abuso sexual por parte de mujeres— son más comunes de lo que se cree. Muchos varones optan por el silencio debido a la vergüenza y el miedo a ser ridiculizados por sus pares, padres y la sociedad, por el simple hecho de ser percibidos como menos hombres.
En otras palabras, es una realidad que muchos hombres enfrentan en soledad, sin compartirlo con nadie y, mucho menos, denunciando, ya que han sido socializados desde pequeños con creencias patriarcales como «los hombres no lloran», «no piden ayuda» y menos aún admiten ser agredidos por una mujer. Esto genera un daño significativo a nivel de salud mental, llegando en algunos casos hasta el suicidio.
Esto resulta en una doble victimización para muchos hombres: no solo sufren la agresión, sino que también internalizan la culpa, pensando que «debería haberlo manejado» o que «es mi fracaso como hombre». Esto nos lleva a reflexionar sobre nuestra incapacidad para aceptar nuestra vulnerabilidad y el daño que nos ocasiona ignorar nuestras emociones, salvo la rabia, lo que no hace que seamos más fuertes, sino más solitarios.
Dentro del marco de la violencia de pareja, esta negación impide que los hombres busquen apoyo, perpetuando un ciclo donde la agresión se normaliza o minimiza como «discusiones de pareja» o como un simple «mandoneado», como si los hombres debieran aceptar esto sin cuestionarlo y nunca considerar la posibilidad de ser víctimas de sus parejas mujeres.
Tal como señala la trabajadora social y magíster en Género e Intervención Psicosocial, Paula Parada Ballesteros, aunque la violencia ejercida por mujeres hacia hombres no debe verse como un ejercicio de poder social en sí mismo, sí puede considerarse «un mecanismo de disciplinamiento socializado destinado a mantener la jerarquía de género dentro de la estructura patriarcal, donde la reiteración de estereotipos en torno a la masculinidad proporciona una oportunidad que las mujeres pueden usar para ejercer violencia» (1).
Lo anterior no implica victimizar a los hombres en contraposición a las mujeres, sino desmantelar los binarios de género que nos aprisionan a todos, cuestionando y superando roles y estereotipos de género insostenibles, que hacen que sea difícil reconocer al hombre como víctima de violencia psicológica, física y sexual por parte de mujeres, existiendo en realidad mucho más de lo que imaginamos.
Finalmente, este tema invita a una reflexión colectiva: la violencia en las relaciones no es un problema de «ellas contra ellos», sino una manifestación del sistema patriarcal que afecta a todos. Solo al cuestionar la masculinidad hegemónica y fomentar nuevas formas de ser hombre podremos construir un mundo donde nadie, sin importar su género, sufra en silencio. Es momento de que los hombres abramos la conversación, solicitemos ayuda y nos unamos a la lucha por una sociedad libre de violencias.
1: https://centraldesociologia.cl/index.php/rcs/article/view/181
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