Análisis de la manipulación y los conflictos armados en la política internacional

Estados Unidos se posiciona como el país más militarizado del mundo, con los avances técnicos más sofisticados en armamento y potentes armas de destrucción. Esta realidad la conocemos desde hace más de un siglo, y ellos son conscientes de su poder, utilizándolo a su antojo, ignorando las legislaciones de diversos países y asumiendo un rol de dueño del mundo.

No lo afirmo desde una ideología extrema, sino porque la Historia lo respalda. Una Historia que frecuentemente se oculta y tergiversa con justificaciones que solo engañan a algunos ingenuos.

Al examinar de manera superficial los acontecimientos en América Latina durante el siglo XX, encontramos acciones reprobables que evidencian el brutal intervencionismo de Estados Unidos en numerosos países de la región, obviando las instituciones y organizaciones que se han creado para establecer procesos jurídicos necesarios.

Por ejemplo, Cuba ha experimentado esa intervención prepotente al menos en ocho ocasiones, desde 1898 hasta 1967, mediante golpes de estado, ocupaciones militares y la destitución de gobiernos, manteniéndose aún un bloqueo inaceptable.

En México, se produjeron dos invasiones militares en 1913 y 1914. Asimismo, naciones como Guatemala, Honduras, Haití, República Dominicana, El Salvador, Granada, Nicaragua y Panamá han sido intervenidas en diversas ocasiones, solo por nombrar algunos países de Centroamérica y el Caribe.

En América del Sur, la intervención violenta de Estados Unidos ha sido evidente. Chile, por ejemplo, sufrió un Golpe de Estado cívico-militar en 1973, instigado y financiado por Estados Unidos, resultando en miles de muertos, desaparecidos, torturados y exiliados. Los documentos de la CIA desclasificados revelan la implicación directa del Presidente Nixon y su Secretario de Estado, Kissinger, quienes apoyaron el alzamiento militar que sometió al pueblo chileno a una dictadura de 17 años.

Situaciones similares o peores se dieron en Argentina y Uruguay en 1976. Brasil también experimentó este intervencionismo en 1964, mientras que Bolivia sufrió golpes militares promovidos por Estados Unidos en 1944, 1963 y 1971. Colombia, Guyana y Granada también vivieron estas experiencias de intervención.

No se ha limitado a «limpiar» a su conveniencia lo que se ha denominado «el patio trasero de Estados Unidos». Esta política de abuso y amenaza se manifiesta también en muchos otros lugares del mundo.

A través de un proceso de desacreditación de líderes mediante un aparato de propaganda masiva, distorsionando hechos y acusando sin pruebas, Estados Unidos ha intervenido violentamente, como en Irak, donde en 2002 se acusó a su líder, Sadam Hussein, de terrorismo, e invadió el país en 2003. Hussein fue ejecutado en 2006 sin un debido proceso ante un Tribunal Internacional.

En Libia, a principios de 2011, las fuerzas estadounidenses intervinieron acusando a Muamar Gadafi de ser “una amenaza internacional”. Gadafi había llegado al poder en 1969 mediante un golpe de Estado, lo que despertó la indignación del Gobierno estadounidense.

En 2005, el Gobierno norteamericano incluyó a Irán en su lista de “terroristas internacionales”, en un contexto de apoyo a Irak durante su conflicto con Irán. En enero de 2020, un dron de EE. UU. asesinó al general Qasem Soleimaní, líder de la Guardia Revolucionaria Islámica, en el aeropuerto de Bagdad.

No podemos olvidar el apoyo de Trump a Netanyahu en el genocidio de Gaza o su intervención en la invasión de Rusia a Ucrania, exigiendo la entrega de territorios ricos en recursos naturales.

Numerosos ejemplos ilustran la historia del intervencionismo estadounidense. En la actualidad, la designación indiscriminada de “terroristas o narcotraficantes” a líderes de Colombia y Venezuela justifica su actuación ilegal, amenazando con una potente presencia militar en el Caribe y el Pacífico. Se han realizado más de 15 ataques a lanchas que, según ellos, transportaban drogas, resultando en la muerte de cerca de 65 personas, presuntamente involucradas en el narcotráfico, violando el derecho internacional.

Donald Trump ha manifestado su intención de llevar a cabo “operaciones en tierra” en Venezuela, con el claro objetivo de derrocar al Gobierno de Nicolás Maduro y apoderarse del petróleo venezolano. Todo esto ocurre bajo la pasiva, aterrorizada y cómplice mirada de un mundo sometido a la diplomacia del misil que ejerce el gigante del norte.

Fotografía: eluniverso.com

Con Información de desenfoque.cl

Previous Post
Next Post
Advertisement