Análisis de la estructura interna de los partidos políticos y su impacto en la gobernabilidad: el ejemplo del Partido Socialista de Chile.

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Pensadores clásicos de la ciencia política, como G. Sartori, A. Panebianco, M. Duverger, A. Valenzuela y A. Gramsci, han analizado, tanto directa como indirectamente, la institucionalidad de los partidos y su funcionamiento interno. Este fenómeno es una constelación de relaciones y combinaciones que se conocen como corrientes de opinión, consideradas por los más críticos como facciones o fracciones cuando las disputas internas se intensifican: “un partido, dentro de otro partido”, una situación que se tiene que gestionar de manera constante.

Dentro de un marco electoral que influye en la estructura de la representación política democrática del país, los partidos llevan a cabo sus procesos internos de elección a través de distintas combinaciones ad hoc (listas, acuerdos o conflictos). Esto implica la operacionalización de sus identidades y estatutos, también regulados por la ley de partidos políticos en Chile.

Las relaciones internas y externas son representadas por líderes y mediadas por dichas corrientes de opinión, en el contexto del sistema de partidos políticos chileno (la literatura sugiere que esto es un fenómeno común en sistemas políticos, incluso en regímenes autoritarios).

Recientemente se ha informado que el Partido Comunista chileno no ha definido una candidatura presidencial desde su Comité Central. En este contexto, su presidente, Lautaro Carmona, comentó a los medios: “No en todas las campañas presidenciales el PC ha presentado candidatos de su militancia. Lo hizo con Neruda para apoyar la candidatura de Allende, y con Daniel Jadue para la candidatura de Gabriel Boric. Gladys Marín fue la candidata directa en la papeleta. No es algo que se presente con frecuencia, por eso lo discutimos mucho”.

Por otro lado, el Frente Amplio aún no ha tomado una decisión respecto a su candidatura presidencial, considerando al Alcalde Tomás Vodanovic o al Diputado Gonzalo Winter, quienes recientemente han declinado esa opción.

Es evidente que la vida interna y externa de los partidos en Chile va más allá del 4% de confianza que reflejan en la encuesta CEP 92. Las decisiones internas, a través de corrientes de opinión y líderes, impactan en la sociedad, generando opinión y políticas públicas. En la misma encuesta, el Partido Socialista de Chile es el que goza de mayor simpatía dentro de un panorama de baja valoración.

Recientemente, el PS realizó sus propias elecciones, mostrando un incremento en votos, pasando de 12,000 en la elección de 2022 a 16,000 en 2025. Este desempeño, comparado con lo que ocurre con otros partidos, valida su mérito.

Esta característica positiva que distingue al PS le impone desafíos permanentes desde la recuperación de la democracia hasta hoy, a pesar de las críticas sobre su ejecución doctrinaria. Así, el PS de Chile tiene un rol simbólico importante debido a sus resultados internos, su posicionamiento en el ejecutivo y su papel en la coalición de gobierno, consolidándose como el partido que articula su sector en diversas funciones, especialmente ahora que se acercan elecciones nacionales tanto presidenciales como legislativas, las cuales incluirán primarias.

La configuración y las decisiones de sus diferentes estructuras orgánicas, ya sean nacionales, regionales o locales, enfrentan el reto inicial de asegurar la “gobernabilidad – gobernanza” interna, lo cual repercutirá en el conjunto de partidos oficialistas, incluso en la democracia cristiana. Por lo tanto, esta tarea debería incluir la planificación del algoritmo electoral para la nueva alineación en el ejecutivo y el congreso para el periodo 2026-2030.

Como se ha mencionado anteriormente, la combinación entre la identidad del partido y su rendimiento electoral es fundamental para la existencia de cualquier partido político, incluyendo al PS de Chile. En este sentido, es crucial que la estructura interna de los diferentes órganos de la dirección nacional (las correlaciones de fuerza de las corrientes internas) garantice esa gobernabilidad y gobernanza, que aunque fácil de enunciar, resulta más complejo llevar a la práctica cuando se deben implementar decisiones políticas dentro de una institucionalidad partidaria y de representación, mediada por proyectos políticos que respeten las realidades territoriales del Chile triconstruido y popular.

Quizás al balance numérico de las recientes elecciones se le debería sumar la trayectoria, la experiencia y los resultados políticos, en especial de aquellos que logran mayorías en las estructuras internas del socialismo, contribuyendo así a consolidar esta gobernabilidad que es tan anhelada y necesaria.

Es esencial que el Partido Socialista (así como sus socios progresistas) tome decisiones con la claridad y tranquilidad necesarias para asumir la responsabilidad de representar a quienes anhelan una sociedad en la que la justicia social sea un elemento ineludible de consideración.

Estas reflexiones servirán como vínculos para que el Socialismo Chileno, al igual que en 2021, mantenga su representatividad en las próximas primarias presidenciales. Sin esto, los logros alcanzados en el ámbito de influencia en el ejecutivo, políticas públicas, resultados electorales y en el congreso, así como en sus elecciones internas, no serán más que un recuerdo en la historia. Si tanto se ha trabajado para edificar esa influencia ‘con y en las ideas’ que promueven la justicia social y la humanización continua de la sociedad, ¿por qué en este momento del proceso se debería ceder ese esfuerzo a otros? … una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa.

Con Información de pagina19.cl

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