Análisis contemporáneo sobre Jeannette Jara, Los Prisioneros y la ultraderecha.

El contexto sociopolítico actual en Chile muestra una reconfiguración de las derechas (liberales, conservadoras, libertarias, ultras, entre otras), ocupando un lugar central tanto en los medios como en el debate académico. La ultraderecha (Republicanos y Libertarios), con su fuerte presencia, se conecta simbólicamente con la canción “Ultraderecha” (2003) de Los Prisioneros, creada en un período de consolidación del modelo neoliberal, que fue defendido por amplios sectores de derecha. En el clima electoral de la segunda vuelta presidencial de 2025, esta creación musical recupera relevancia y pertinencia analítica.

Esta relación no es solo circunstancial, sino que se enmarca en un proceso de “reajuste” interno entre las organizaciones partidarias. Un caso representativo es el del expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, cuya trayectoria política, que va desde su rol como presidente respaldado por la Concertación a su función como embajador en Asia-Pacífico, refleja un alineamiento tácito hacia las derechas.

Adicionalmente, se destaca el apoyo moderado de Evelyn Matthei en la campaña de José Antonio Kast (candidata de la centro-derecha) y las tensiones que rodean a Franco Parisi, quien ganó la primera vuelta presidencial pero no avanzó a la segunda, utilizando encuestas digitales cuestionadas por el Partido de la Gente. Estos factores evidencian un escenario de desconfianza y distanciamiento interno entre las derechas, a pesar de los esfuerzos comunicacionales por mostrar unidad.

Este contexto se relaciona con los aportes teóricos presentados en una conferencia del Instituto Igualdad y la Fundación Ebert, donde la Dra. Esther Solano, investigadora de la Universidad Federal de São Paulo, expuso sobre “Los nuevos votantes populares en Latinoamérica: entre descontento y esperanza”. Su análisis se centró en los nuevos dinamismos sociales, tanto a nivel nacional como internacional, y su conexión con las derechas, especialmente las ultraderechas.

Aunque parte de su diagnóstico coincide con estudios previos en Chile, la contribución de Solano reside en la comparación de dinámicas latinoamericanas y europeas, lo que ofrece una mejor comprensión del fenómeno y guía estrategias para las fuerzas democráticas y progresistas.

Una de las hipótesis planteadas sostiene que las ultraderechas tienen un aumento notable de actividad durante los períodos electorales, aunque esto no se traduce necesariamente en una gestión eficaz en el ámbito gubernamental, el trabajo parlamentario o la vida comunitaria. Sin embargo, pueden construir narrativas efectivas que impactan la opinión pública, constituyendo uno de sus principales activos.

Este fenómeno representa un desafío para los sectores democráticos y progresistas, que frecuentemente tienen dificultades para contrarrestar estos discursos con estrategias comunicacionales y políticas adecuadas. Esto se complica cuando sus propios proyectos políticos carecen de coherencia interna, limitando su capacidad de convocatoria social, política y territorial.

Esto explica, al menos en parte, la dificultad para refutar afirmaciones simplistas como “Chile se cae a pedazos”, a pesar de que los indicadores económicos muestran avances en varias áreas. Asimismo, se difunden narrativas que asocian la migración irregular con un aumento de la delincuencia, reforzadas por mensajes como “el conteo regresivo” de Kast y por imágenes de la frontera norte que las autoridades consideran flujos habituales. Estas prácticas comunicacionales, criticadas por excancilleres progresistas, se alinean con una estrategia populista y efectista que promueve percepciones en lugar de análisis informados.

En este contexto, la candidatura de Jeannette Jara enfrenta un complejo panorama electoral, superado gracias a su trayectoria, consistencia y habilidades comunicativas.

Como recordaban Los Prisioneros, estos fenómenos han estado presentes en la historia chilena; cambian sus formas y actores, pero no su lógica subyacente.

La intervención de Solano también destacó el papel de la emocionalidad (del miedo a la esperanza en valores conservadores) en la construcción discursiva de las ultraderechas. Esto se manifiesta a través de soluciones simplistas a problemas complejos (migración = expulsión; delincuencia = mano dura), junto con ajustes simbólicos que resignifican conceptos como libertad, mérito o eficiencia estatal, convergiendo en un discurso sacrificial y mesiánico que apela a la ciudadanía mediante la promesa de una “transición” hacia un orden ideal que surge al “romper con la idea de que Chile se desmorona”.

La oposición entre un supuesto “Estado de Emergencia” y un anhelado “Estado de libertades” sintetiza esta retórica. Sin embargo, estas dinámicas se ven amplificadas en un entorno dominado por la posverdad, las noticias falsas y la rápida circulación de contenidos en redes sociales, ofreciendo una apariencia de novedad a fenómenos que realmente repiten patrones históricos.

Por lo tanto, como en numerosas ocasiones, Los Prisioneros proporcionan un marco interpretativo que dialoga con el contexto político actual de Chile y, aparentemente, con el análisis propuesto por Esther Solano.

Con Información de pagina19.cl

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