Trump, el obstinado

Estoy reflexionando sobre cuál sería el adjetivo más adecuado para describir a Donald Trump, un presidente que parece más un emperador deseoso de imponer su control en el mundo. Inicialmente pensé en “imbécil”, pero desistí, ya que implica una falta de inteligencia que Trump no necesariamente refleja; algunos sostienen que para ser tan manipulador y deshonesto se requiere cierta agudeza mental. Descarté también la palabra “estúpido”, ya que su significado es similar al de mi primera elección.

Finalmente, opté por el término “necio”, que el diccionario define como alguien ignorante y que actúa con imprudencia y presunción. Sin embargo, siento que esta palabra puede ser insuficiente para describir a un mandatario corrupto y degenerado, tal como se le ha señalado a nivel global.

Estos pensamientos surgen en el contexto de sus constantes declaraciones públicas, difundidas por los medios internacionales. Trump actúa como un matón que amenaza a la humanidad, apuntando especialmente contra el régimen de Nicolás Maduro, quien, ante las arrogantes y desproporcionadas amenazas del presidente estadounidense, podría estar ganando apoyo. El interés de Trump por invadir Sudamérica se centra en el petróleo y otros recursos minerales de nuestras tierras. Su incapacidad para ver que su movilización militar, con barcos de guerra y aviones de combate, no busca solucionar el problema de las drogas, es evidente.

Además, la semana pasada anunció la construcción de unas veinticinco embarcaciones de gran poder destructivo, las cuales llevarían su nombre, mostrando su desmedida egolatría. Esta iniciativa es sin duda imprudente, considerando que el poderío militar de Estados Unidos ya puede destruir el planeta.

No es que Trump ignore esto; la carrera armamentista que pretende reactivar es un negocio que beneficiaría a él y a otros multimillonarios interesados en el tráfico de armas, todo en detrimento del progreso de los pueblos. La existencia de injusticias, hambre y conflictos les permite mantener el control y consumir recursos sin límite.

Además, muchos líderes y organismos multilaterales parecen ser tan necios como él, permitiendo la permanencia de un nuevo sátrapa en el poder. Sin un liderazgo claro ni el coraje para detener a este individuo, nos acercamos al abismo de la historia. En sus discursos recientes, incluso sus colaboradores más cercanos han comenzado a sentir vergüenza por sus palabras y su forma de expresarse, lo que nos brinda un rayo de esperanza de que su caída sea inminente.

Es lamentable que el resurgimiento de la extrema derecha en el continente y en el mundo refleje una lealtad hacia este necio gobernante. Es imperativo que dentro de Estados Unidos se frene su locura, antes de que cualquier conflicto repercuta también en su propia población.

A pesar de todo, resulta triste que la humanidad no haya aprendido de las lecciones de dictadores como Hitler y Stalin, quienes debieron haber sido detenidos antes de causar tragedias irreparables.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/12/trump-el-necio/

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