Las ilusiones bélicas

En una era marcada por la digitalización, los conflictos bélicos emergen como crudos recordatorios de que la arena de la política internacional sigue siendo profundamente tangible: se disputa sobre tierras, vidas, y recursos. Para América Latina y el Caribe, esto no implica una sumisión ante los poderosos, sino un fuerte impulso para abogar por la importancia estratégica de la paz.

Las últimas décadas nos hicieron creer en un mundo cada vez más etéreo, donde la digitalización borraba fronteras físicas, transformando la economía, las comunicaciones, e incluso nuestra memoria colectiva, en algo intangible. Se nos invitaba a imaginar un futuro donde los conflictos territoriales serían irrelevantes bajo una paz garantizada por instituciones globales y un orden liberal. Pero la realidad de hoy, con las guerras volviendo a ser protagonistas en lugares como Ucrania, el Cáucaso, y el Medio Oriente, nos recuerda que el control material —de territorios, recursos, y poblaciones— sigue siendo central en la política mundial, desafiando la percepción de una evolución hacia lo intangible.

Este retorno a la confrontación entre Estados sugiere una transformación en la estructura del sistema internacional. Con el fin de la unipolaridad post-Guerra Fría, marcada por la hegemonía estadounidense, y el ascenso de potencias como China y Rusia, el mundo se adentra en un periodo de multipolaridad y competencia intensificada. No solo Estados, sino también actores no estatales como corporaciones multinacionales y redes financieras, tienen ahora el poder de influir en la estabilidad global, llevando a un escenario de poder fragmentado donde las guerras interestatales resurgen como medios para que los Estados busquen ventajas estratégicas.

A pesar del avance tecnológico y la digitalización global, la disputa por recursos tangibles como semiconductores, la competencia tecnológica, el control de rutas marítimas y el acceso a energía prueban la persistencia de la lógica territorial. La región de América Latina y el Caribe, con una historia de apuesta por la diplomacia y el derecho internacional frente a la confrontación militar, enfrenta ahora el desafío de recalibrar su estrategia en un mundo donde el uso de la fuerza se normaliza de nuevo.

La tarea de la región es doble: fortalecer su unión para abogar por la paz y adaptarse a un multilateralismo en crisis, aprovechando su histórica preferencia por la resolución pacífica de conflictos. América Latina y el Caribe pueden demostrar al mundo que es posible una seguridad basada no en la fuerza, sino en el compromiso político con la cooperación. En tiempos de renovados conflictos globales, la región tiene la oportunidad de reafirmar su legado diplomático y mostrar que existen alternativas a la guerra.

Con información de https://www.pressenza.com/es/?p=2655969

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