La acogida de la crueldad en la esfera política, manifestada por el respaldo de ciertos líderes y sectores de la sociedad que encuentran en ella una especie de consuelo emocional, señala un cambio preocupante en el comportamiento y la moralidad social. Esta tendencia se observa claramente en las declaraciones de un candidato presidencial hacia los migrantes irregulares, prometiendo su expulsión y generando miedo entre los más vulnerables, sin ofrecer soluciones reales a la crisis migratoria. La crueldad se convierte así en un medio para ventilar el malestar social, dirigiendo la ira hacia los grupos más desfavorecidos y sustituyendo la justicia por la venganza dentro del discurso político.
Esta dinámica no solo establece una identidad colectiva basada en la exclusión y el castigo de «otros», sino que también marca el inicio del deterioro de la convivencia democrática. Frente a esto, se defiende el respeto al Estado de Derecho y a políticas migratorias justas y racionales. Sin embargo, el recurso al miedo y a los chivos expiatorios evidencia una peligrosa degradación de la dignidad humana, ante la cual la desobediencia civil pacífica aparece como una respuesta moralmente obligatoria, respaldada por estudios que confirman su eficacia sobre los métodos violentos.
La experiencia chilena con las protestas de 2019 ilustra cómo la violencia puede socavar movimientos legítimos, advirtiendo sobre los peligros de replicar tales dinámicas. Se argumenta que la dignidad humana y el rechazo a la instrumentalización de la crueldad en la política son fundamentales para la convivencia social y el futuro de cualquier nación. En consecuencia, el desafío para los futuros gobiernos radica no solo en implementar reformas, sino en restaurar un sentido de comunidad basado en el respeto y la dignidad para todos.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/12/la-crueldad-como-herramienta-politica/