A pocas horas de concluir la concentración que reunió a más de 600,000 personas en el Zócalo y calles adyacentes del Centro Histórico, convocada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo para conmemorar lo que denominó “siete años de transformación”, los análisis, imágenes, críticas y conteos de asistentes inundaron los medios de comunicación y redes sociales. Mientras tanto, el obradorismo celebraba en diversas partes del país esa contundente muestra de poder de convocatoria, contrastándola con las reuniones de la supuesta “generación Z”.
A medida que las personas regresaban a sus hogares y retoman su rutina, en una actividad en el oriente de la ciudad, Víctor Manuel Sánchez, investigador de «Estados Inspirados de Conciencia» del Parque de Estudio y Reflexión Joquicingo, destacó que para lograr una transformación profunda en el país y el mundo se requiere más que buenas políticas públicas; es fundamental una mística.
“Vivimos en tiempos de extrema violencia, desestructuración y desorientación. Estos son momentos críticos para nuestra vida social, ya que está en juego el destino de la humanidad, en un contexto de violencia creciente en diversos ámbitos”, señaló Sánchez.
Con esta aguda reflexión empezó su presentación. Quienes lo escuchaban probablemente se cuestionaron: ¿Es la Cuarta Transformación realmente profunda? ¿Qué factores se han pasado por alto en el cambio de rumbo y modelo social? ¿Qué hay del humanismo mexicano y de las similitudes y diferencias con el enfoque humanista que propone el ponente?
Con 45 años de militancia en el Movimiento Humanista y una trayectoria que abarca desde el ámbito vecinal hasta el político y espiritual, Sánchez analiza con rigor el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador. Aunque reconoce avances y apoya en términos generales el proyecto de Claudia Sheinbaum, también plantea históricamente las falencias y debilidades:
“El Partido MORENA y la 4T, en su estado actual, carecen de una mística social propia. Escuchamos discursos de funcionarios que son formales y superficiales, mencionando un ‘Humanismo Mexicano’ acuñado por AMLO en 2022 como estrategia para distanciarse de críticas opositoras, dejando en el aire la antítesis: humanismo o anti-humanismo.”
Sánchez, sin pretender imponer un enfoque académico rígido, entiende el entorno socio-político como un “sistema” imperfecto, y señala que estamos en una época de desilusión, tal como propuso Ortega y Gasset, lo cual dificulta el avance hacia un futuro optimista.
Sin embargo, se aferra al optimismo y, citando a Terencio, afirma que “Nada de lo humano me es ajeno”. Cree que, pese a los desafíos actuales, es viable construir una utopía llamada “Nación Humana Universal”, siempre que las personas abandonen el individualismo. Refuerza esta idea con una cita de Silo, quien dijo en 1977:
“Necesitamos espíritus amplios y generosos, tenaces, incluso en tiempos de descomposición. Gente con un gran espíritu religioso que vislumbre su tarea en un proceso mayor y trascendental. Urge contar con místicos en el mejor sentido de la palabra.”
Los estados de inspiración que investiga y experimenta le dan autoridad para delinear una ruta transformadora desde adentro, enfatizando la intencionalidad. Esta noción ha sido discutida a lo largo de la historia, desde Aristóteles hasta los pensadores contemporáneos en México.
Para ilustrar su argumento, Sánchez menciona varios momentos históricos que reflejan ese ingredientemístico deseado. La fecha del 2 de octubre fue declarada Día Internacional de la No Violencia por la ONU, una filosofía inspirada en Gandhi. Su concepto de No Violencia fue fundamental en la liberación de la India, creando una resistencia civil caracterizada por la no cooperación con el colonialismo británico.
Este enfoque ha influenciado a figuras como Martin Luther King, quien impulsó el movimiento por los derechos civiles en EE. UU., y a Nelson Mandela en Sudáfrica, al proclamar que “nuestra marcha hacia la libertad es irreversible.”
La década de 1960 vio un estallido de movimientos juveniles, como el movimiento beatnik y los hippies, que muchos consideran ricos en componentes místicos. “Los jóvenes decían: ‘No sabemos lo que queremos, pero sabemos lo que no queremos’.”
En México, las luchas sociales de movimientos como el ferrocarrilero o el magisterio coincidieron con el creciente movimiento estudiantil. El trágico suceso del 2 de octubre de 1968 marcó un cambio generacional y avivó un espíritu revolucionario que Sánchez rescata de la historia reciente.
Al abordar la situación actual en México, Sánchez comenta que como humanistas debemos observar no solo el cambio, sino su dirección. Reconoce la existencia de un individualismo extremo y señala que no habrá progreso si no es para todos. Enfatiza la necesidad de autocrítica tanto del gobierno actual como de la población.
“Ojalá que en Morena y la 4T se abran un poco más, que se muestren menos soberbios y un poco más humildes,” concluye.
Sánchez aprecia a López Obrador y considera a Claudia Sheinbaum una mujer extraordinaria. Aboga por la complementación, más que por diferenciaciones entre humanismos. Al final, propone que cada quien elija la causa que mejor resuene con ellos:
“Algunos apostamos por el humanismo.” Parece haber crecido en tiempos de crisis existencial. Resalta que el humanismo universalista, desde 1969, debe centrarse en el ser humano, sin subordinación a deidades o estados.
Finalmente, termina su intervención describiendo que ser un místico implica hablar desde el corazón, ser fiel a los principios y entender la humanidad que hay en los demás.
Víctor Manuel Sánchez, originario de Ciudad de México y cercano a Joquicingo, pone a disposición el Parque de Estudio y Reflexión, invitando a las nuevas generaciones a explorar nuevas experiencias de cambio.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/12/la-necesidad-de-una-mistica-para-la-transformacion-social-profunda/