La influencia de las narrativas

Escuchar al presidente electo de Bolivia, Rodrigo Paz, trae a la mente recuerdos de discursos pasados. Sus comentarios sobre el malgasto de fondos públicos, el aislamiento internacional del país, y la ineficacia de políticas ideológicas recuerdan las justificaciones de Gonzalo Sánchez de Lozada en los noventa para reducir el tamaño del Estado y avanzar las privatizaciones, describiendo a Bolivia como un país no viable.

Rodrigo Paz, aunque con un lenguaje más técnico y moderno, parece seguir un libreto similar: pintar una imagen de desastre total para justificar un giro hacia políticas de libre mercado.

Este análisis, centrado en las declaraciones de Paz en una entrevista del 26 de octubre, no defiende a ninguna administración política específica, sino que confronta esta narrativa con hechos empíricos. Habermas, hace cuarenta años, ya advertía sobre el uso del discurso como herramienta de poder en lugar de comunicación genuina. Paz parece emplear esta estrategia, construyendo una narrativa de crisis que omite logros importantes para justificar un regreso a políticas neoliberales.

El silencio de los medios bolivianos, alineados históricamente con intereses empresariales conservadores, y la falta de contraste en la cobertura de este nuevo gobierno, es preocupante. Solo en una entrevista con France 24 se cuestionaron las afirmaciones de Paz frente a logros anteriores, a lo que él respondió evasivamente.

Es crucial recordar que, a pesar de los desafíos económicos actuales, Bolivia ha logrado avances significativos en las últimas dos décadas, reduciendo la pobreza y mejorando indicadores económicos y sociales. La victoria electoral de Paz paradójicamente se debe en gran parte a los sectores cuyo progreso busca minimizar.

Entre las afirmaciones controvertidas de Paz están la supuesta pérdida de un mercado de $500 millones con EE.UU. y el aislamiento internacional de Bolivia, ambas fácilmente desmentidas por datos y hechos de la participación activa de Bolivia en escenarios globales y su relación comercial con diferentes países.

Es importante reconocer los retrocesos durante la administración de Jeanine Áñez y no olvidar los avances logrados anteriormente, incluso en educación, donde Paz propone cambios ya implementados con anterioridad.

En conclusión, aunque Bolivia enfrenta desafíos reales, no se debe permitir que una narrativa de crisis borre los logros del pasado. La verdad y los hechos deben prevalecer sobre la manipulación discursiva y las políticas que buscan deshacer avances sociales y económicos importantes bajo el disfraz de soluciones técnicas y modernas. La historia demuestra que los avances son posibles y deben ser la base para enfrentar desafíos futuros, no ignorarse por conveniencia política.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/10/bolivia-entre-el-estado-tranca-y-la-amnesia-inducida-el-poder-de-los-relatos/

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