La reciente contienda por la presidencia ha revelado una verdad incómoda para muchos en la esfera política: Franco Parisi es más que un fenómeno momentáneo o un simple dato anómalo. Con una cosecha cercana al 20% del escrutinio, equivalentes a 2.5 millones de sufragios, Parisi estuvo muy cerca de competir en una segunda vuelta electoral. Sus declaraciones sobre las encuestas, sugiriendo que si estas hubieran sido precisas le habrían favorecido, provocaron risas entre ciertos sectores. Sin embargo, su punto resalta una crítica válida hacia el manejo y la influencia de las encuestas en Chile, criticándolas por construir una realidad distorsionada, especialmente en esta ocasión.
El análisis post-electoral ha caído en las explicaciones habituales, etiquetando el voto por Parisi como un rechazo a la élite, a los partidos tradicionales, o como un simple acto de protesta. Sin embargo, estas caracterizaciones simplifican excesivamente la realidad y fallan en capturar la verdadera esencia de su apoyo. Lejos de ser un canal para la frustración, Parisi se ha erigido como portavoz del sentido común, abandonado por la política convencional.
Instalándose en lo que podría describirse como el centro emocional de Chile, más que en un punto medio de su espectro político, Parisi ha conectado con las preocupaciones diarias de la población. Su lema, «Ni facho ni comunacho», se ha convertido en un eco de la desconfianza general hacia la clase política, capturando el sentir de un pueblo que se ve constantemente marginado por las promesas incumplidas del estamento político.
Parisi ha logrado resonar por su manera diferente de comunicarse, apelando a una profundidad cultural por encima de la académica, y hablando directamente a la gente más allá de la élite. Su manera de abordar temas como la migración y las propuestas económicas, como la eliminación del IVA a los medicamentos, destacan por su sencillez y directa relevancia a la vida cotidiana, distinguiéndolo de otros candidatos y resonando con un electorado cansado de la retórica política tradicional.
Describir a Parisi como un radical es entender mal su propuesta; su radicalidad no reside en posturas extremistas, sino en su honestidad y literalidad, en la disposición para decir lo que piensa de una manera que refleja el hablar de la ciudadanía. Esta cualidad es precisamente lo que ha movilizado a millones en su apoyo, ofreciendo una alternativa real en un contexto de desilusión generalizada con las opciones políticas establecidas.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/11/parisi-la-radicalidad-del-sentido-comun/