Estados Unidos está buscando reorientar su influencia global con un enfoque particular en América Latina y la lucha contra la migración, de acuerdo con la «Estrategia Nacional de Seguridad» revelada durante la administración Trump el 5 de diciembre. Este plan estratégico destaca la intención de fortalecer la presencia estadounidense en el continente, incluyendo operativos contra supuestas narcolanchas, enfrentamientos con Venezuela por sus recursos energéticos y un interés particular en controlar el Canal de Panamá.
La política exterior de EE. UU. hacia América Latina se ha caracterizado históricamente por la Doctrina Monroe, proclamada en 1823 por el presidente James Monroe, quien enfatizó que EE. UU. no toleraría nuevos actos de colonización en las naciones recién independizadas de América Latina y el Caribe. Este enfoque evolucionó hacia una política de «gran garrote», anunciada por el presidente Theodore Roosevelt a principios del siglo XX, que justificaba la intervención estadounidense en el hemisferio como una forma de mantener el orden frente a la «conducta crónica» de las naciones.
La administración de Trump ha manifestado su intención de aplicar un «Corolario Trump» a la Doctrina Monroe, apuntando a reafirmar la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental y a negar a competidores, específicamente China, la capacidad de influir en la región. Dicho corolario simboliza un regreso al abordaje imperialista de siglos pasados, dejando de lado las pretensiones de promover valores universales o la democracia, en favor de intereses económicos explicitos, como la obtención de recursos críticos.
Aunque el secretario de Estado John Kerry declaró la «muerte» de la Doctrina Monroe en 2013, sugiriendo un enfoque de cooperación y responsabilidad compartida en el hemisferio, la realidad ha sido diferente. La actual política exterior refleja un resurgimiento de esta doctrina, con EE. UU. esforzándose por mantener su influencia frente a la creciente presencia de China en América Latina. Esto se ve en el ánimo de recuperar el control sobre «el patio trasero» estadounidense como un medio de asegurar el acceso a materias primas y mercados de consumo esenciales para la economía de EE. UU., en un contexto de tensiones comerciales globales.
En resumen, la estrategia de seguridad de la administración Trump hacia América Latina representa una marcada continuidad y renovación de la Doctrina Monroe, con una aproximación menos preocupada por la diplomacia y más enfocada en el pragmatismo económico y el dominio estratégico, lo que subraya la permanencia de las antiguas dinámicas de poder en la política exterior estadounidense.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/12/la-doctrina-monroe-parece-gozar-de-buena-salud/