Interferencia de Estados Unidos y desaciertos de Libre allanaron la vía para el ascenso de la derecha

Las elecciones presidenciales en Honduras resultaron en un retroceso para el proyecto progresista liderado por la presidenta Xiomara Castro, deteniendo las aspiraciones de transformar la independencia formal del país en una verdadera autonomía a través de una nueva Constitución que terminaría con el dominio oligárquico. Este dominio mantiene a Honduras como la segunda nación más empobrecida del continente, solo superada por Haití.

El avance de la derecha en las urnas se atribuye a una combinación de errores estratégicos por parte de los progresistas del Partido Libertad y Refundación (Libre), desgaste político, y la interferencia significativa de factores externos, incluyendo la intervención directa del entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Esta injerencia se considera crucial en un país donde la migración a Estados Unidos es vital para la supervivencia de miles de familias hondureñas.

El descontento social surge como una de las principales causas del fracaso de Libre, exacerbado por una economía tambaleante, desempleo creciente, cierre de fábricas, y la inflación en productos básicos. A esto se suman promesas incumplidas y casos de corrupción, elementos que socavaron las posibilidades del primer gobierno de izquierda del país, que defendía un «socialismo democrático».

La derrota de Libre allanó el camino para que la derecha retomara el control, potencialmente convirtiendo al país nuevamente en un socio estratégico de Washington en el panorama internacional. Las deficiencias en el Consejo Nacional Electoral sugieren que los resultados oficiales podrían tardar, pero los datos disponibles indican que la mayoría de los hondureños optó por los candidatos de derecha y ultraderecha, continuando un ciclo de poder que ha prevalecido durante un siglo.

A pesar de los esfuerzos de Castro para combatir la pobreza y la desigualdad, y reducir la tasa de homicidios, estos logros se perciben como insuficientes en un contexto electoral marcado por el desencanto. El control mediático ejercido por grupos económicos poderosos y su complicidad histórica con intervenciones extranjeras, como el derrocamiento apoyado por Estados Unidos de Manuel Zelaya, ha perpetuado un sistema de desigualdad.

La campaña enfrentó críticas internas y externas, incluidas las acusaciones de corrupción y el uso desmedido de la retórica antiestadounidense, lo cual no resonó bien en un electorado altamente vinculado por lazos familiares y económicos a Estados Unidos. Además, la estrategia del gobierno hacia la economía, basada en remesas, fue criticada, especialmente tras las advertencias de Trump sobre las consecuencias de elegir un gobierno progresista.

En conclusión, la elección refleja un profundo descontento con el statu quo, a la vez que destaca los complejos desafíos que enfrenta Honduras, incluyendo la influencia de Estados Unidos, las dinámicas de poder locales y la continua lucha por la justicia y la equidad.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/12/honduras-injerencia-de-eeuu-y-errores-de-libre-despejaron-el-camino-para-la-derecha/

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