El renovado aspecto del antiguo modelo

Es crucial que analicemos qué entendemos por transición energética y quiénes definen sus prioridades. Debemos examinar los impactos acumulativos y territoriales en lugar de centrarnos en un proyecto aislado. Además, es vital reconocer que la energía, al igual que los recursos materiales, proviene de ecosistemas que ya no pueden soportar los costos de un modelo que ha demostrado ser insostenible y socialmente injusto.

por Ricardo Salinas

Durante muchos años, en Chile hemos utilizado el término extractivismo casi exclusivamente asociado a la minería, lo cual no es casualidad: nuestra historia económica está marcada por la explotación de recursos minerales, especialmente cobre y, más recientemente, litio. Sin embargo, restringir este concepto a la minería es un error que oculta la amplitud de un modelo económico que, desde diferentes perspectivas, “extrae” valor de los territorios sin garantizar la regeneración de sus ciclos naturales.

Por ejemplo, la pesca industrial ha agotado nuestros océanos más rápidamente de lo que pueden reponerse, y la industria forestal y agroindustrial exporta millones de toneladas de nutrientes desde nuestros suelos. Estas actividades también constituyen formas de extractivismo.

No se está extrayendo solo cobre o litio, sino que se están sacando biomasa y fertilidad: elementos vitales para la estabilidad ecológica de nuestros territorios. Todo esto puede considerarse un extractivismo de materia, cuyo costo ecosistémico ya es evidente: pérdida de biodiversidad, erosión de suelos, colapso de pesquerías y agotamiento de recursos hídricos.

Sin embargo, Chile está iniciando, de manera silenciosa, una nueva fase de extractivismo: el extractivismo energético.

Energía para qué y para quién

El Estado chileno está incentivando inversiones en energías renovables, especialmente solar y eólica, prometiendo una transición verde, limpia y sustentable. Sin embargo, aún no se formula con suficiente honestidad la pregunta: ¿para quién se genera esta energía?

Las estadísticas indican que su objetivo no es satisfacer las necesidades de los hogares o la industria básica del país. En realidad, hay dos propósitos:

1. Abastecer a la minería del norte, cuya demanda energética sigue en aumento debido a la disminución de la ley de los minerales y a que cada tonelada de cobre o litio exige procesar grandes volúmenes de roca.

2. Convertir a Chile en un exportador de energía, ya sea a través de líneas de transmisión hacia otros países o mediante la producción de Hidrógeno Verde para el mercado internacional.

De esta forma, las energías renovables no están diseñadas para descentralizar el sistema, democratizar el acceso a la energía o fortalecer las capacidades locales. Se han concebido para mantener el mismo modelo extractivista que históricamente ha trasladado sus costos sociales y ambientales a otros.

Energía y ecosistemas: una relación olvidada

Albert Einstein demostró que masa y energía son dos expresiones de la misma realidad. Desde esta perspectiva, hablar de extractivismo energético es completamente acertado: la energía solar que llega a un territorio no es neutra ni está “disponible” como un recurso inerte.

Desempeña funciones ecológicas esenciales: calienta la tierra, regula ciclos biológicos, mantiene dinámicas atmosféricas y alimenta procesos fotosintéticos. Lo mismo ocurre con el viento, que no es simplemente un insumo para turbinas, sino un reflejo de la dinámica térmica del planeta.

Cuando capturamos esta energía de manera masiva para transformarla en electricidad —especialmente si no evaluamos los efectos acumulativos de múltiples proyectos— estamos introduciendo alteraciones que no se están midiendo a nivel nacional. La evaluación ambiental en Chile opera bajo la premisa de que cada proyecto es independiente.

El análisis es individual, ignorando la existencia de otros cientos de proyectos cercanos. Esto conduce a una saturación territorial. A ello se suma que, con las recientes “leyes de permisología”, las corporaciones podrán avanzar más rápidamente en sus proyectos con menos exigencias ambientales.

Maule, Ñuble y Biobío: la próxima frontera de sacrificio

En las regiones del Maule, Ñuble y Biobío ya se están anunciando numerosos nuevos parques eólicos y solares, muchos en áreas rurales, costeras y de alto valor ecológico. Los impactos sociales y ambientales —como ruido, fragmentación de hábitat, pérdida de paisaje y presión sobre comunidades locales— son a menudo subestimados o ignorados por las autoridades.

Se repite el mismo patrón: el país se ofrece para la instalación de infraestructuras destinadas a sostener el crecimiento ilimitado del Norte Global en su consumo de energía y recursos. Mientras tanto, los costos recaerán en Chile: el deterioro de los ecosistemas, la pérdida de biodiversidad y la transformación irreversible de territorios que ya están al límite.

Cuando la crisis climática avance —y lo hará— lo más valioso del planeta no serán los kilowatt-hora, sino los ecosistemas capaces de mantener sus funciones vitales. Si seguimos instalando proyectos energéticos al ritmo actual, sin una visión sistémica y sin límites ecológicos claros, estaremos hipotecando lo que en el futuro será irremplazable.

Rentabilidad privada, pérdidas públicas

En este nuevo extractivismo energético, las corporaciones obtendrán beneficios enormes, mientras que las regiones soportarán los pasivos: impactos socioambientales acumulativos, pérdida de paisaje, degradación ecológica y un modelo de desarrollo que sigue siendo centralizado, desigual y dependiente.

En otras palabras, estamos repitiendo la misma historia, pero con un nuevo recurso.

Chile no puede permitirse esta ceguera estratégica. Es fundamental discutir qué entendemos por transición energética y quién define sus prioridades. Es necesario evaluar los impactos acumulativos y territoriales, no solo proyecto por proyecto. Y, sobre todo, hay que reconocer que la energía, como los materiales, se extrae de ecosistemas que ya no pueden soportar los costos de un modelo que ha demostrado ser insostenible y socialmente injusto.

Si no actuamos ahora, al despertar nos daremos cuenta de que la “energía verde” no era tan ecológica. Y que, una vez más, unos pocos se beneficiarán a expensas de muchos.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/12/extractivismo-energetico-el-nuevo-rostro-del-viejo-modelo/

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