En esta época, la celebración de la Navidad se extiende a lo largo y ancho del planeta, manifestándose en un despliegue de luces y colores, con calles radiantes y tiendas llenas hasta el borde, adornadas con árboles repletos de decoraciones. Es un momento donde las familias se congregan, los niños irradian felicidad, y los villancicos resuenan en cada rincón, creando un ambiente de genuina alegría.
Sin embargo, deseo dirigir la mirada más allá del destello de las luces y el eco de los villancicos, para enfocarnos en una realidad que trasciende nuestra zona de confort por unos instantes. Existe otra version de la Navidad, ajena a las postales y los anuncios comerciales, una Navidad cruda, afligida, desgarradora, que presenta el auténtico escenario del nacimiento de Jesús.
Esta versión no se encuentra en las típicas representaciones de corcho y musgo, ni se caracteriza por figuras estéticamente agradables, pastores sonrientes o reyes magos. La verdadera escena del nacimiento, hoy en día, se ubica en las ruinas de Palestina, en las calles convertidas en polvo y en edificios derruidos, hogar de familias que ya no existen, en los niños que sufren y mueren de hambre, negados de los más básico. Se encuentra en el dolor de madres y padres desesperados por la pérdida, en una tierra marcada por la violencia y el abandono.
Asimismo, este escenario se repite en las comunidades indígenas alrededor del mundo, donde los pueblos luchan por su supervivencia mientras sufren el saqueo de sus tierras, el asesinato de sus líderes y la violación de su dignidad, enfrentándose a una constante negación de sus derechos más fundamentales.
Mientras tanto, en nuestras sociedades privilegiadas, celebramos la Navidad con gran derroche, olvidando que el mensaje del niño nacido en un establo era uno de justicia, acogida y amor por los más vulnerables.
Hoy, el verdadero escenario del nacimiento se encuentra en aquellos que luchan por su existencia, invisibilizados por los medios, en las fronteras llenas de esperas y sufrimiento, en los campos de refugiados donde familias enteras viven en condiciones inhumanas. En estos lugares, en medio de las adversidades más severas, es donde verdaderamente nace Jesús hoy en día.
Esta es la Navidad que preferimos ignorar, opacada por las luces artificiales, pues confronta nuestra conciencia y nos llama a la acción. Jesús nace no en los centros comerciales, sino en medio del sufrimiento, la injusticia y la necesidad de despertar humanitario.
Quienes deseen celebrar la Navidad con autenticidad, deben dirigir su mirada hacia aquellos que sufren, hacia quienes son marginados y olvidados. Solo entonces, al comprometernos y actuar con valentía y memoria, podremos verdaderamente conmemorar la Navidad, alumbrando las oscuridades del mundo y respondiendo con compasión a la llamada de la humanidad.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/12/el-verdadero-portal-de-belen/