La Persistencia del Fascismo en la Sociedad Contemporánea
«El fascismo eterno aún nos rodea, pese a su apariencia civil. Puede emerger en cualquier momento, camuflándose bajo las formas más inofensivas. Es nuestra responsabilidad identificarlo, desenmascararlo y denunciarlo públicamente en cada uno de sus actos.» – Umberto Eco, 1995.
El fascismo emerge de un estado de conciencia limitado alimentado por la simplificación, el miedo y el anhelo de certeza. No nace espontáneamente, sino a través de la simplificación excesiva del pensamiento, el cierre a nuevas realidades y el aislamiento dentro de burbujas ideológicas que promueven una única visión del mundo. Durante periodos de crisis, cuando la incertidumbre y la debilidad social se incrementan, se facilita la polarización y la identificación de chivos expiatorios.
La gestación del fascismo se ve alimentada por una disminución del pensamiento crítico, donde la limitada exposición a diversas experiencias lleva a una percepción única y fija del mundo. Esta situación se agrava con las desigualdades en el acceso a la educación y la salud, creando brechas en las oportunidades de vida. La idealización de consignas absolutas en las redes sociales simplifica aún más la realidad, promoviendo una visión maniquea de buenos contra malos, leales contra traidores, exitosos contra fracasados.
Esta polarización no es casual, sino el resultado de sesgos cognitivos que buscan confirmar creencias preexistentes, culpar a factores externos por nuestros errores, y magnificar amenazas, llevando a una sociedad fragmentada que construye su identidad en oposición a un «otro» enemigo.
La tribalización política y de identidad se intensifica con la globalización, donde la búsqueda de raíces se convierte en una herramienta de exclusión, creando identidades rígidas y reactivas. Las redes sociales, lejos de ser espacios de libre intercambio, perpetúan estas dinámicas con algoritmos que fomentan el miedo y la indignación, reforzando burbujas informativas que profundizan el rechazo a visiones alternativas.
El fascismo contemporáneo no requiere del nacionalismo clásico para prosperar. En una sociedad dividida y desigual, la ira se dirige hacia enemigos internos visibles, promovidos por el discurso dominante, manteniendo el sistema al canalizar el descontento hacia conflictos internos.
Para combatir el fascismo, se debe promover el encuentro y el diálogo amplio, interactuar en igualdad de condiciones con quienes se consideran diferentes para desmontar prejuicios. La solución reside en crear espacios de intercambio genuino, donde la diversidad se vea como una riqueza, y en generar una identidad colectiva basada en la inclusión.
En lugar de enfrentar el fascismo con más odio, es esencial diluirlo a través del entendimiento y el reconocimiento de las similitudes entre nosotros, desafiando un sistema que nos separa. El acto más revolucionario es, entonces, encontrarnos y reconocer que, en ocasiones, cada uno puede caer en la trampa de pensamientos y acciones excluyentes.
- Por Edgar Sarcós
Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/11/el-surgimiento-del-pensamiento-fascista-en-la-era-de-la-fragmentacion/