EE. UU. y China: entre la rivalidad, el conflicto y la convivencia

La humanidad está atrapada una vez más en el viejo conflicto entre potencias emergentes y potencias en declive, una tensión que en el pasado, como antes de las dos guerras mundiales, condujo a catástrofes globales. La guerra comercial entre EE. UU. y China pone en peligro sus economías y la seguridad global, donde un error podría empezar una guerra devastadora. La rivalidad no se limita solo a una posible destrucción económica mutua, sino también a la destrucción nuclear mutuamente asegurada.

Antes de una tregua comercial temporal entre Trump y Xi en octubre, se demostró la capacidad de ambas partes para perjudicar la economía del otro. China controla una gran parte de la producción mundial de tierras raras, críticas para diversos avances tecnológicos, mientras que el acceso al mercado estadounidense es vital para la estabilidad política y económica de China. Esta tensión llegó a una fase crítica con intercambio de amenazas sobre exportaciones de tierras raras y aranceles, aunque se pactó una tregua en la cumbre de APEC.

Paul Krugman, premio Nobel de Economía, ha declarado que China ha superado a Estados Unidos en términos económicos y tecnológicos, señalando la influencia negativa de Trump sobre la ciencia y el sistema educativo estadounidense. Trump ha mostrado respuestas contradictorias hacia China, alternando entre represalias y tentativas de reconciliación, mientras adopta prácticas económicas que imitan el capitalismo de estado chino, a pesar de criticarlo.

En contraposición, en otras áreas como Venezuela y el Ártico, Trump ha ejercido un imperialismo agresivo, mientras que China tiende a preferir estrategias económicas sutiles para expandir su influencia. La competencia militar entre EE.UU. y China plantea la amenaza de un conflicto armado, incluso nuclear, alrededor de Taiwán y el Mar del Sur de China, con ambos países tratando de contenerse mutuamente mediante alianzas y presencia militar.

La disputa sobre Taiwán permanece como un punto crítico, con EE.UU. vendiéndo armas avanzadas a la isla y manteniendo una postura ambigua sobre su defensa. China, por otro lado, busca una toma pacífica de Taiwán, minimizando las víctimas y daños.

Para evitar una nueva Guerra Fría, se propone la diplomacia de seguridad común, un paradigma que busca el reconocimiento mutuo de que la seguridad de un país no se puede asegurar a expensas de otro. Este enfoque históricamente ha conducido a tratados que limitan el despliegue de armas nucleares y promueven la paz. La región del Indo-Pacífico podría beneficiarse de negociaciones que promuevan un código de conducta y estrategias desmilitarización, siguiendo el principio de que «Un pueblo sin visión perecerá».

Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/11/estados-unidos-y-china-competencia-conflagracion-o-coexistencia/

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