Me gustaría enviar un mensaje a los jóvenes, aquellos sobre quienes recae el futuro de nuestro planeta.
Hoy día, las pantallas son nuestra principal ventana al mundo, pero a través de ellas no podemos experimentar el aroma del bosque, el canto de los pájaros, ni el suave sonido del agua deslizándose por los ríos. Las pantallas carecen de raíces, de tierra, de la vida misma.
La conexión de muchos jóvenes con la naturaleza se ha visto disminuida, una situación que no es responsabilidad suya, sino de un sistema educativo que ha dejado de lado la enseñanza de nuestra integración con el planeta, en vez de vernos como sus propietarios. Raramente las clases incluyen salidas al campo, o estudios sobre el funcionamiento de los bosques, la comunicación entre plantas, la cooperación entre los árboles a través del envío mutuo de nutrientes bajo el suelo, o la importancia de cada especie en el equilibrio del ecosistema.
Nuestra educación está centrada en formar profesionales en diversas áreas técnicas y económicas, pero no en crear custodios del medio ambiente. Lo que realmente necesitamos, con suma urgencia, son jóvenes que sientan pasión por la naturaleza, que entiendan que nuestra existencia depende de ella, y que la biodiversidad es esencial para nuestro futuro.
Los pueblos indígenas han compartido con nosotros una lección de respeto que, lamentablemente, hemos ignorado. Para ellos, cada elemento de la naturaleza tiene un valor incalculable y un propósito específico, y su modo de vida se basa en la gratitud, no en la destrucción. Este conocimiento ancestral debería incorporarse a nuestros planes de estudios, no como un mero dato curioso, sino como un modelo de vida y respeto.
Imagen Pedro Pozas Terrados
La llamada es para los jóvenes a ser no solo espectadores, sino líderes actuales. Invito a sumergirse en la naturaleza, a sentir la tierra, a escuchar en silencio los sonidos del bosque, a observar las dinámicas de cooperación en el entorno natural. Verán que la competencia es minimal, mientras la colaboración es abundante. Esto les cambiará la perspectiva del mundo.
Es tiempo de que la educación reconecte con sus orígenes, con la naturaleza. Educar sin este contexto es preparar generaciones desvinculadas de las bases de la vida. La verdadera sabiduría no se limita al conocimiento académico, sino también a la capacidad de apreciar la naturaleza y comprender su esencialidad.
Imagen Pedro Pozas Terrados
Es crucial instar a las autoridades a enriquecer los programas educativos con experiencias directas en la naturaleza, animar a los docentes a ir más allá de los libros, y motivar a los jóvenes a despertar y darse cuenta de que el futuro depende de la preservación de nuestros bosques, mares y ríos.
Ama lo natural, protégelo, vívelo como si fuera parte de tu ser. Quien ama la vida, ama el planeta, y quien ama el planeta nunca permitirá que perezca.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/12/educacion-y-naturaleza/