Ecuador no se manifiesta, se halla en un momento de salvaguarda ancestral

«Cuando el Estado reprime la vida, resistir deja de ser protesta y se convierte en un mandato.» Esto no se trata de un conflicto por subsidios, sino del resurgimiento de una historia demasiado conocida en América Latina. En Ecuador, los pueblos indígenas no están luchando por beneficios sino defendiendo su derecho a existir frente a un gobierno que ha optado por militarizar la pobreza, proteger el extractivismo y criminalizar el recuerdo.

Esta lucha no es una mera protesta; es una defensa histórica contra un Estado sordo que responde a la pobreza con armas. No es sólo el actuar del presidente Daniel Noboa al eliminar el subsidio al diésel, afectando principalmente a los más vulnerables. Es el eco de una política aplicada antes en Perú, Chile y Colombia, donde el costo de la vida se incrementa, el diálogo se sustituye por la fuerza militar, y la resistencia se etiqueta como terrorismo, todo ello mientras se promete orden a los mercados y se normaliza el miedo.

Los acontecimientos actuales en Ecuador son la manifestación de una fractura regional, donde gobiernos predican el progreso mientras socavan territorios ancestrales y llaman modernización a la explotación. Los pueblos originarios representan la última barrera contra el despojo. Su lucha no se cuantifica en votos o ciclos electorales, sino en siglos de resistencia, haciendo eco en un continente que no está ardiendo, sino despertando a recordar quién es. En este contexto, cada acto de represión estatal no hace más que avivar la llama de la resistencia y la memoria colectiva.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/11/ecuador-no-esta-en-protesta-esta-en-estado-de-defensa-ancestral/

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