Cuando el temor se transforma en una herramienta política, termina debilitando el tejido de la legalidad. La reacción de Eslovenia ante el asesinato de Aleš Šutar emerge como un severo aviso para el continente europeo. El asesinato de Aleš Šutar en Novo Mesto, Eslovenia, ha evidenciado cómo el miedo puede reemplazar a la razón y desestabilizar la democracia. Este hecho, que debió permanecer en el ámbito jurídico, se esparció en la esfera pública, indicando cómo el afán de control estatal puede terminar comprometiendo sus propias bases legales. Lo que debía ser un procedimiento penal se transformó en un reflejo para Europa, mostrando las destructivas consecuencias de cuando el miedo guía la política.
La identidad roma del sospechoso fue expuesta rápidamente, cambiando la narrativa y desencadenando una serie de eventos, desde dimisiones ministeriales hasta manifestaciones cargadas de prejuicios raciales. Este ciclo de respuesta ante el miedo no es nuevo para la población romaní. Han sido históricamente el blanco de las culpas en momentos de inestabilidad, desde deportaciones hasta actos violentos en diferentes décadas.
Eslovenia ha respondido al miedo mediante políticas que, en vez de resolver problemas estructurales, desvían la atención y fortalecen la segregación. A pesar de ello, la presencia histórica de los romaníes en la región, anterior incluso a la fundación del estado, destaca su contribución y resistencia frente a la exclusión. Sin embargo, la entrada de Eslovenia a la Unión Europea no significó un cambio sustancial en la situación de los romaníes, con planes nacionales de «integración» que más bien han reforzado la vigilancia sobre esta comunidad.
La cobertura de los medios, el uso político del miedo, y la perpetua exclusión de los romaníes de los marcos de protección y reconocimiento igualitario ante la ley, resaltan una contradicción profunda en los valores proclamados por Eslovenia y la UE. La situación de los romaníes es un reflejo de una práctica más amplia en Europa, donde las incertidumbres se proyectan sobre los más vulnerables.
La justicia para Aleš Šutar y la seguridad para los romaníes no deberían ser vistas como objetivos excluyentes. Una verdadera democracia requiere el cumplimiento de la ley sin prejuicios ni excepciones. Para restaurar su credibilidad y principios democráticos, Eslovenia debe asegurar una investigación imparcial del asesinato de Šutar, condenar los discursos de odio y garantizar la seguridad de la comunidad romaní, bajo observación de organismos internacionales.
La resistencia romaní ante el olvido y la exclusión es una lección de supervivencia y dignidad. Si Europa desea redescubrir sus fundamentos civilizatorios, debería empezar por reconocer y aprender de aquellos a quienes ha marginado. La seguridad y el respeto por los derechos de los romaníes son la verdadera medida de la civilización y estabilidad en Eslovenia y Europa.
Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/11/eslovenia-cuando-el-miedo-se-convierte-en-politica/