Cuando el poder se despoja de escrúpulos, la línea entre ética, inmoralidad y crimen se desvanece

La confianza constituye la base invisible que sostiene los pilares de una nación, incluyendo su estado de derecho, economía, y convivencia democrática. En Chile, esta base fundamental ha sufrido una erosión continua, revelada a través de actos que socavan la estructura de la vida comunitaria del país. Entre los casos recientes que ilustran esta pérdida de confianza está el de los parlamentarios Cristián Araya y Matías Walker, este último admitiendo haber recibido una suma de dinero de parte de un involucrado en un caso judicial, evidenciando así la mezcla entre la falta de ética, inmoralidad y actividades delictivas.

Este deterioro cívico no ha surgido repentinamente sino que se ha gestado a lo largo de los años dentro de un ambiente político caracterizado por la autoprotección entre sus miembros, opacidad en la designación de autoridades clave y una gradual normalización de comportamientos cuestionables. Un claro ejemplo de esto fue el nombramiento del fiscal nacional en 2015, que marcó un intento por cesar investigaciones sobre financiamiento ilegal a la política, evidenciando una preocupante alineación moral dentro de ciertos sectores del poder.

Este problema va más allá de lo ético y alcanza una dimensión estructural, donde la transgresión simultánea de lo ético, inmoral y delictivo por parte de las autoridades debilita al Estado de Derecho y erosiona su legitimidad. La falta de confianza resultante impacta directamente la inversión, innovación, crecimiento y estabilidad del país, señalando que el principal riesgo para el país se encuentra en la degradación moral de quienes debieran ser sus protectores.

Aunque pocas voces se alzan para denunciar esta situación, destacan aquellas como la del arzobispo Fernando Chomali, quien lamentó el legado corrupto dejado a las nuevas generaciones, un sentimiento que evidencia la magnitud de la crisis moral y ética presente. Este escenario pone de manifiesto que Chile no solo ha perdido la confianza, sino también su brújula moral, poniendo en riesgo su capacidad futura y señalando la degradación ética como uno de los mayores riesgos políticos, económicos y sociales de la actualidad.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/11/cuando-el-poder-pierde-la-verguenza-desaparece-la-frontera-entre-etica-inmoralidad-y-delito/

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