COP30: Voces Silenciadas

La Conferencia del Clima COP30 en Belém, Brasil, será recordada no por los convenios pactados —ausentes nuevamente—, sino por la represión tanto física como simbólica ejercida contra quienes deberían haber sido los principales actores de este evento: las comunidades originarias de la Amazonía. En contraste con el disfrute de gobiernos, delegaciones y funcionarios en un escenario financiado por millones de euros públicos, las voces de aquellos que han defendido durante milenios los bosques que el mundo pretende «salvar», fueron marginadas, reprimidas y excluidas de los foros de decisión sobre su futuro.

Dentro de la llamada zona azul, el epicentro de las negociaciones, el acceso fue denegado a los pueblos originarios, a pesar de ser el espacio donde se discutía el destino de sus tierras, agua, selvas y su futuro. Este lugar se transformó en una fortaleza sellada, vetada para ellos.

Cuando representantes indígenas, incluidos miembros de los pueblos Munduruku, Yanomami, Kayapó, Xavante, Tikuna, Karipuna, Tembé, y Tupinambá intentaron entrar a este espacio político, fueron bloqueados por los guardias de seguridad de la ONU, lo que derivó en altercados y heridas, sin consideración por los daños históricos causados por el extractivismo y la devastación de sus territorios.

«Intentamos entrar para demostrar quiénes son los que deberían estar aquí», expresó Helen Cristine, del movimiento juvenil Juntos (PSOL), aunque sus palabras no encontraron eco en los paneles ni micrófonos, resonando únicamente en quienes presenciaron la escena: una juventud amazónica repelida por aquellos que dicen protegerla.

Antes de ser retirado, un líder Kayapó Mekrãgnoti exclamó: «Nos hablan de clima, pero nos silencian. Sin nosotros, la Amazonía y el mundo perecen».

La ironía resultó insoportable en esta COP30, en Brasil, hogar del mayor bosque tropical del planeta. Mientras en salones climatizados se debatía sobre «los pulmones del mundo», las comunidades que los habitan eran marginadas, bajo vigilancia y censura. Mientras tanto, los protectores del bosque eran tratados como extraños.

Los pueblos indígenas denunciaron repetidamente su expulsión de sus territorios, así como la persecución por parte de mineros ilegales, mafias madereras y agrícolas sin que la ONU, los gobiernos, ni las grandes delegaciones actuaran más allá de discursos vacíos. Señalaron que la COP sigue serviendo a intereses económicos que promueven la destrucción ambiental, sin permitirles participar en las discusiones que definen el futuro del planeta.

La conclusión es desoladora: las COP han dejado de representar a la humanidad para encarnar los intereses que conducen a la catástrofe global. La crisis climática avanza, los pueblos originarios y bosques desaparecen, y mientras, la diplomacia celebra su próxima reunión.

Belém reveló una verdad ineludible: sin los pueblos originarios no hay Amazonia; sin Amazonia, no hay futuro.

Imagen Pedro Pozas Terrados -IA

Llamado internacional:

  1. Requerir que las COP incluyan de manera permanente a representantes de los pueblos indígenas con pleno derecho a hablar y votar. No como invitados o adorno folklórico, sino como participantes activos en la toma de decisiones.
  2. Exigir que las zonas azules sean siempre accesibles para aquellos que protegen las tierras en discusión. Si se trata de la Amazonía, los pobladores amazónicos deben liderar.
  3. Hacer un llamado a gobiernos, sociedades civiles, universidades, científicos y ciudadanía global a respaldar las luchas de los pueblos Munduruku, Kayapó, Yanomami, Xavante, Tikuna, Tembé, Qom, Wichi, Peligás, Maouche, Tupinambá y todas las naciones indígenas como la última defensa contra el colapso climático.
  4. Invitar a la sociedad civil internacional a vigilar, documentar y denunciar toda represión contra pueblos originarios en foros mundiales. Basta de silencio y complicidad diplomática.
  5. Reclamar que la COP deje de ser un evento turístico-político y se convierta en un compromiso ético verdadero, con obligaciones reales y responsabilidades definidas.

Belém nos deja un mensaje urgente: sin justicia para los pueblos originarios no habrá solución climática. Sin justicia ecológica, no hay futuro. Sin verdad, no hay paz; una verdad proclamada por ellos, a pesar de los intentos por silenciarla.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/11/cop30-voces-calladas/

Previous Post
Next Post
Advertisement