Camino a la Piratería 2.0

El mundo ya no se encuentra en una zona gris del derecho internacional; más bien, está abandonándolo. Lo que se está instaurando no es una simple anomalía ni un «momento de tensión», sino una normalización del saqueo, llevado a cabo por Estados que se presentan como defensores del orden global mientras lo destruyen lentamente. El mar, que durante años simbolizó regulación, comercio y cooperación, se ha convertido nuevamente en un escenario de poder militar.

Esto no es una regresión descontrolada, sino algo más grave: una regresión orquestada, revestida de tecnicismos legales, sentencias judiciales nacionales y comunicados pulcros. La piratería actual ya no requiere banderas negras pues opera bajo banderas oficiales y se justifica en lugar de esconderse.

La piratería se presenta ahora con un disfraz de legitimidad legal, aunque en la práctica sigue siendo el acto de capturar un barco. La piratería clásica era burda: había abordajes directos y saqueos. En cambio, la piratería 2.0 es más sofisticada: utiliza tribunales nacionales como coartadas y se comunica con términos técnicos como “sanciones” o “cumplimiento normativo”. Hace uso de fuerza militar estatal en lugar de corsarios. Pero la esencia permanece: la apropiación forzada de lo ajeno, que ahora se traduce en petróleo, gas, minerales estratégicos, rutas marítimas, cables y puertos.

Así, se da un salto del orden basado en reglas al orden basado en «quién puede».

Cuando las reglas no son universales ni simétricas y no se aplican a los poderosos, dejan de ser reglas y envían un mensaje claro: si eres fuerte, puedes actuar como quieras; si eres débil, debes aceptar tu situación. Esto no es derecho internacional; es un neofeudalismo marítimo.

Uno de los muchos riesgos, y quizás el más preocupante, es el posible efecto de contagio. La piratería 2.0 no se limita a un solo escenario. Cuando una potencia actúa sin enfrentar costos, otros la imitan, se erosionan los estándares y la violencia se acepta como norma. Así, Estados Unidos roba, Irán intercepta, Rusia bloquea, China asegura rutas y actores no estatales resurgirán. No porque sean «malos», sino porque el árbitro ha dejado de cumplir su función.

Este proceso nos lleva a ver el mar como una zona de nadie. Históricamente, cuando el derecho se debilita, el mar se convierte en territorio salvaje, las rutas se militarizan, el comercio se encarece y los pueblos sufren. Ya lo vivimos entre los siglos XVI y XVIII, y ahora se repite, solo que con satélites, drones y narrativas «legales».

En conclusión, estamos avanzando hacia una piratería 2.0, no por la falta de normas, sino porque los poderosos han decidido no aplicarse a sí mismos. Estados Unidos está jugando con fuego. Cuando el derecho deja de proteger a todos, lo que sobreviene no es orden, sino un saqueo organizado.

No es una intuición alarmista, sino una lectura histórica y, lamentablemente, bastante clara.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/12/hacia-la-pirateria-2-0/

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