Asco frente a la violencia

El mundo se encuentra al borde del colapso debido a la escalada de violencia, y parece no existir un remedio político o movimiento social capaz de erradicarla completamente. Este sentimiento de desesperanza no proviene de recientes acontecimientos, como los actos de violencia en la marcha de Ciudad de México o las tensiones militares a nivel global, sino que refleja una preocupación que ha persistido por décadas. Hace 56 años, en un discurso titulado «La Curación del Sufrimiento», se articuló una reflexión similar, aunque ha sido frecuentemente ignorada o distorsionada a lo largo del tiempo.

La pregunta sobre el origen de la violencia y cómo detenerla sigue siendo relevante en la actualidad, y las estrategias para dirigirnos a la juventud en un intento de alejarlos de grupos delictivos ofrecen un rayo de esperanza. Los informes oficiales sugieren una disminución en la violencia homicida, pero estas cifras deben ser validadas más allá de la percepción para ser realmente significativas.

La violencia, según se argumenta, comienza con aquellos en posiciones de poder y autoridad, quienes con sus acciones ejemplifican la coerción y la injusticia. Esta realidad se manifiesta en múltiples niveles, desde la agresión militar y económica entre naciones hasta las dinámicas de poder corruptas dentro de los gobiernos y otras instituciones. Incluso la violencia puede ser inducida por estructuras económicas y legales que favorecen a unas pocas élites en detrimento de la mayoría.

Frente a estos desafíos, la estrategia de la No Violencia Activa emerge como una herramienta poderosa para enfrentar y eventualmente superar estas manifestaciones de violencia, tanto a nivel macro como en las esferas más íntimas de la sociedad. El humanismo, con su enfoque en la paz, la justicia y el bienestar social, ofrece una alternativa prometedora a las formas actuales de organización social y política, argumentando que un enfoque justiciero puede, de hecho, preceder y facilitar una paz duradera.

Los desafíos contemporáneos también invitan a una reevaluación de cómo las personas pueden contribuir al cambio, destacando la importancia de coherencia entre pensamiento, sentimiento y acción, más allá de las prácticas individualistas centradas en el auto mejoramiento. La visión es construir sociedades donde la no violencia no solo sea una elección moral e intelectual, sino una característica intrínseca y natural de su tejido psicosocial y cultural.

La reflexión concluye reconociendo que el cambio verdadero y sostenible en dirección a sociedades más pacíficas y justas requiere de una transformación profunda en la consciencia colectiva e individual, tal como lo visionó Silo, para que la repugnancia hacia la violencia se convierta en una parte integral de la condición humana.

Con información de https://www.pressenza.com/es/2025/11/repugnancia-por-la-violencia/

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