Autor: Vasco Mulián, panelista de Primer plano (CHV)
En el fascinante mundo del espectáculo, donde las luces resplandecen pero las sombras se desplazan rápidamente, el talento no es la única consideración. La forma en que uno ingresa y, sobre todo, se despide, puede determinar su legado. María Paz Arancibia, influencer y figura emergente, parece haber olvidado esta regla fundamental de la industria: siempre hay que salir por la puerta grande.
Su reciente salida de un programa ha causado revuelo, no por su ausencia, sino por la forma en que eligió despedirse. En una entrevista con Danilo XXI, una nueva estrella del mundo del espectáculo, compartió sus pensamientos de forma contundente. Aunque sus declaraciones, repletas de indirectas y resentimientos, pueden atraer atención momentánea, generan dudas sobre su profesionalismo. En un mercado tan reducido como el chileno, donde los mismos productores, ejecutivos y talentos se cruzan constantemente, dejar una impresión negativa no es un lujo que alguien en ascenso debería permitirse.
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A corto plazo, este tipo de actitudes pueden parecer beneficiosas: más seguidores, más interacciones. Pero, la televisión y el espectáculo se sustentan en relaciones de confianza, comunicaciones entre productores y reseñas entre colegas. En esas conversaciones privadas, lo que realmente importa no son los likes, sino la capacidad de trabajo en equipo, el respeto a acuerdos y, al salir, hacerlo con clase.
María Paz parece confiar en que su imagen pública será suficiente para mantener su relevancia. Sin embargo, la memoria en redes sociales es efímera, y los seguidores, que aplauden un escándalo, también pueden olvidarlo rápidamente. Lo que perdura es la reputación interna: un comentario desfavorable de un productor puede cerrar más puertas que mil tuits positivos.
Dejar un trabajo de forma negativa es como quemar un puente que, eventualmente, podrías necesitar cruzar nuevamente. Hoy, Arancibia está convencida de no necesitar esos lazos. Pero la televisión chilena es un círculo tan pequeño que, cuando menos lo espere, podría encontrarse necesitando cruzar un puente que ella misma destruyó. Y lamentablemente, no habrá una puerta amplia que la reciba.
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