Autor: Vasco Moulián, panelista de Primer plano (CHV)
Hoy, tras su reciente renuncia a la presidencia del directorio de Televisión Nacional de Chile, siento la necesidad de dirigirme a usted con sinceridad. Lo hago no solo como un observador crítico del panorama televisivo, sino también como alguien que ha tenido el placer de conversar con usted en un par de ocasiones, compartiendo un café e intercambiando ideas sobre el futuro de TVN.
Recuerdo cómo, durante esas charlas, le manifesté mi inquietud: ¿usted cómo planea salir adelante con las mismas personas que han mantenido al canal en el cuarto lugar indiscutido por más de diez años? Con sinceridad, me enumeró nombres de profesionales que deberían ser reemplazados. Yo, sorprendido pero esperanzado, respondía: “qué bueno, qué bueno, qué bueno”.
Sin embargo, la situación actual es diferente. Durante su gestión, TVN no logró cambiar la tendencia: los índices de audiencia han caído a mínimos históricos, la crisis financiera se ha agravado y la deuda ha alcanzado niveles alarmantes. En lugar de fortalecerse, el canal ha caído en un letargo que deshonra su historia y su misión pública.
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Señor Vidal, la televisión no se improvisa ni se gestiona con diagnósticos superficiales. Aunque reconozco su esfuerzo y buena voluntad, los resultados son contundentes: hoy TVN enfrenta una de las peores crisis de su historia.
Mi intención no es restarle valor a su trayectoria ni a sus convicciones, sino recordarle que en un medio tan exigente como la televisión, decisiones valientes y cambios profundos no pueden seguir siendo postergados. Lo advertimos en esos cafés: no se pueden esperar resultados diferentes aplicando las mismas fórmulas que nos llevaron al fracaso.
Reciba este mensaje como una reflexión sincera, nacida del cariño hacia la televisión chilena y de la convicción de que TVN todavía puede resurgir, pero solo si enfrenta sus problemas con la radicalidad que, lamentablemente, no logró implementar en su gestión.
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