Pilar Valdivia Valdés
Profesora de Fonoaudiología
Universidad Andrés Bello
La soledad no deseada se ha convertido en uno de los retos más importantes en la salud pública del siglo XXI. A menudo se considera solo un malestar emocional, pero se ha evidenciado que sus efectos son profundos en la salud física, cognitiva y comunicativa.
De acuerdo con el informe del Cirujano General de EE. UU. de 2023, la carencia de relaciones significativas incrementa en un 29% el riesgo de enfermedades cardíacas y en un 50% el riesgo de demencia. La investigadora Julianne Holt-Lunstad (2020) también comprobó que el aislamiento social puede ser tan perjudicial para la salud como el tabaquismo o la inactividad física. “La soledad no es solo estar físicamente solo, sino sentir que no hay vínculos significativos, que no hay con quién hablar ni compartir. Esa desconexión afecta de manera directa la memoria, el lenguaje y la calidad de vida”.
La comunicación es esencial para la salud cognitiva. Participar en conversaciones, unirse a grupos, compartir experiencias y mantener relaciones significativas estimula áreas cerebrales vinculadas a la atención, la memoria y las funciones ejecutivas. Cuando estas interacciones disminuyen, la reserva cognitiva se ve afectada, aumentando el riesgo de deterioro cognitivo.
Desde la fonoaudiología, especialmente en el trabajo con personas mayores, se busca fomentar estas habilidades a través de talleres de memoria, actividades grupales, estimulación cognitiva y apoyo en la comunicación.
Abordar la soledad requiere la creación de espacios donde las personas mayores sean escuchadas, participen activamente y puedan restablecer lazos. La comunicación se convierte en una herramienta terapéutica invaluable.
La soledad no deseada no es algo inevitable. Con el apoyo adecuado, actividades y entornos de comunicación seguros, es posible promover el bienestar y la autonomía de las personas mayores.
Con Información de tierramarillano.cl