Los partidos del oficialismo se han encontrado en un punto muerto al elegir como候选人 a dos ex ministras de su propio gobierno. Por un lado, Tohá tuvo bajo su responsabilidad la seguridad ciudadana, y su desempeño fue catalogado como un fracaso por la mayoría; por otro lado, Jara carga el peso de su larga militancia comunista, que muchos ven como un lastre en su camino hacia la elección.
¿Acaso los partidos no consideraron las implicaciones de elegir a estas candidatas para la próxima campaña, o fueron impulsados por un mesianismo que los llevó a ignorar las advertencias sobre el rechazo que estas posturas generarían, independientemente de quién ganara en la primaria?
Hay una tercera opción, que sugiere que esta “crónica de una derrota anunciada” revivió la vieja creencia marxista de que se deben intensificar las contradicciones para alcanzar la victoria final. Desde esta perspectiva, Tohá y Jara se ven como las figuras necesarias para desafiar al “sistema neoliberal”, utilizándose su eventual derrota como un catalizador para construir una resistencia ante el nuevo gobierno de una manera renovada. Aunque suene absurdo, las teorías marxistas a menudo lo son. Cuando Artés llama a la sublevación, las izquierdas oficialistas sienten un silencio agradecido hacia él, como si estuvieran pensando lo mismo pero prefiriendo no expresarlo en público.
A pocos días de que las encuestas dejen de ser preguntas y se conviertan en respuestas, se revela que Jeannette Jara tiene niveles de apoyo que frecuentemente son iguales o inferiores a la aprobación del presidente Boric, que ronda el 35%. Esa falta de apoyo podría ser la razón por la que Boric ha moderado su entusiasmo hacia la candidatura de Jara, omitiéndola en varias ocasiones. Él, como buen lector, probablemente conozca el célebre texto de Alberto Edwards: “Si un presidente que termina su mandato rodeado de descontento y desprecio público recomienda a un candidato, lo perjudica: la opinión lo juzgará en función de quien lo aconseja”.
Jeannette Jara, a pesar de no haber leído a Edwards, es consciente de que su situación refleja esa advertencia. Su “lugar” electoral no debería estar ni en el gobierno ni en su propio partido, que tiene niveles de aprobación muy bajos. Jara intenta diferenciarse de la línea de Boric siempre que puede, y también sugiere que podría pausar su militancia, tal vez muy pronto.
¿Podrán estas distancias rendir frutos? Tal vez Jara crea que puede captar parte del voto de Parisi en la segunda vuelta; o que puede contar con los escasos apoyos de ME-O y Artés, pero, ¿no es precisamente este intento de moverse hacia el centro lo que podría dejarla fuera de su propia base de apoyo? Nunca antes figuras como Recabarren, Lafertte o Marín se habían presentado como “comunistas cuestionando su identidad”. Jara, sin embargo, sí lo hace.
Esto la ubica en un “lugar incierto” ante su partido, su coalición, su gobierno y los electores. Si la derecha ha intentado un movimiento similar hacia el centro sin éxito, ¿no podría suceder lo mismo con Jara? (El Mercurio)
Gonzalo Rojas
Con Información de www.nuevopoder.cl
