Samuel Fernández Illanes
Académico U. Central y Embajador (r)
A partir del 11 de marzo, el presidente electo asumirá el liderazgo, implementando su política desde la Cancillería. Por el momento, solo se han establecido lineamientos generales. Es probable que se introduzcan cambios significativos, reflejando la nueva dirección política que ha recibido un claro respaldo ciudadano y cuenta con plena legitimidad. Sin duda, habrá diferencias respecto al gobierno saliente. Dado que el país permanece constante, es crucial considerar esta nueva impronta en sus acciones, rescatando lo que es valioso y desechando lo incompatible. Asimismo, el éxito de estas decisiones depende no solo de Chile, sino también del contexto internacional y la disposición de otros Estados. Los impulsos unilaterales no son viables, a pesar de ser bienintencionados.
El panorama regional está en constante evolución. El progresismo revolucionario que predominó está siendo gradualmente reemplazado por democracias libertarias diferentes, que podrían servir de base para nuevos acuerdos y la coordinación en temas prioritarios consensuados. Al mismo tiempo, se enfrentarán duras oposiciones que intentarán vilipendiar al nuevo presidente y su gobierno. Esto quedó claro poco después de las elecciones, con críticas extremas, mentiras y descalificaciones que parecen coordinadas. Una campaña ruidosa y grosera que, predeciblemente, continuará. Este fenómeno responde más al temor que a la fortaleza, tras la pérdida del predominio que antes disfrutaban.
La única forma de enfrentar esta situación es con unidad y pragmatismo, priorizando los principios de nuestra política exterior y los intereses nacionales permanentes. El resto puede ser abordado de manera profesional por nuestra diplomacia, sin que ideologías limitantes interfieran.
Con Información de tierramarillano.cl